La ética estoica



La ética estoica se funda en un determinismo cósmico ya que, para los estoicos, la ley que  rige  el  universo  es  el  mismo  fuego  inteligente  o  logos  (razón)  divino.  Ante  el determinismo cósmico, la actitud del sabio solamente puede ser la de aceptar el destino, ya que todo está regido por la providencia del logos.


Ya que la física es el fundamento de la ética, la máxima moral de los estoicos se resume con la sentencia: «vive de acuerdo con la naturaleza» o, lo que es lo mismo, siguiendo el logos  divino.  El  acatamiento  de  esta  ley  separa a  los  estoicos  de  las  concepciones hedonistas, como las defendidas por sus coetáneos los epicúreos, y crea las bases de una ética del deber entendida a la manera intelectualista, ya que el seguimiento de este deber sólo es posible por parte del sabio, que es quien conoce el logos.

Mediante la  aceptación del  destino,  puede alcanzarse la tranquilidad de ánimo propia del  sabio.  La  intranquilidad proviene  de  las  pasiones  que  hacen  errar  a  la  razón,  al desear que las cosas sean de un modo opuesto a los designios de la providencia-destino.

Contra las pasiones proponen la  apatía, ausencia de pasiones o imperturbabilidad,
que permite alcanzar la alegría serena y la eudaimonía o felicidad. La virtud, que consiste en la eliminación de todas las pasiones y en de la aceptación del orden de la naturaleza, debe mantenerse incluso a costa de la propia vida. Por ello, los sabios estoicos aconsejaban (y varios practicaron tal consejo) el suicidio antes que verse forzados  a actuar  en  contra  del  deber.  A  pesar  de esta  ética  de  la  resignación,  los estoicos participaron en política y defendieron tesis opuestas a la tradición.

Al sustentar que la naturaleza es el fundamento de todas las leyes, afirmaron que por su physis  todos  los  hombres  deben  estar regidos  por  la  misma  ley,  con  lo  que propugnaron la abolición de la esclavitud.

Zenón de Citio


Suelen distinguirse tres etapas en la evolución de la ética estoica:

a) Estoicismo antiguo (entre los siglos III y II a. C.), fundado por Zenón de Citio.
b) Estoicismo medio (s. II-I a. C.) y
c) Estoicismo  nuevo (s.  I-III  d.C).  Sus  representantes  más  característicos  en  la  época imperial romana fueron Séneca y Marco Aurelio.

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